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los paraísos naturales [entries|friends|calendar]
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[21 Nov 2009|01:03am]
Y no, no me acuerdo de aquellos tiempos en los que fuimos los mejores. Nunca fue así. Me acuerdo de aquellos tiempos en los que pensabábamos que podíamos ser mejores.
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[20 Nov 2009|10:11pm]
Y, bien, tienes que saber que ya no duele tanto. Tienes que saber que ya solo se mueve los años bisiestos, como las mareas, de atrás hacia delante pero también hacia los lados. Es más parecido a un terremoto pero sin cobertura informativa ni post-visitas de políticos. Algo, definitivamente, mucho menos denigrante.
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[18 Nov 2009|03:27am]
No, no, colocar un sujeto y después un verbo y después un adverbio y otro sustantivo con un adjetivo no es escribir bien. Es escribir bien, pero no es escribir bien. Nadie lo entiende. A ver: respirar y abrir los ojos y toser a cada rato no es vivir. ¿Lo entiendes? No es vivir. Hay algo más, siempre, algo que se escapa de la definición, algo que no está incluido en, que no sigue a los dos puntos, algo que no es necesario explicar, algo que es necesario que no se pueda explicar. ¿Lo captas? Sino, todo sería fácil, todo sería realizable, posible, al alcance de cualquier mente y cualquier mano. Pero esta vida no es democrática. No, esta vida que nos han dado no tiene nada de mentira, porque la democracia es un invento, la democracia es un paraíso como el paraíso de los cristianos: una salvación que nos libra de un infierno que desconocemos y que, posiblemente, no exista. Pero ninguno de nosotros está preparado para comprenderlo. Necesitamos placebos emocionales,placebos mentales, cualquier asidero para poder avanzar. Por eso se inventaron las definiciones, los libros de texto y los canales de todo deporte: para hacerte pensar que todo esto tiene algún sentido. Aprenderte algo de memoria o recorrer cien metros en 13,534542 segundos. ¿No ves que no importa? La realización personal SIEMPRE es impersonal. Uno sólo está solo cuando es uno. Hay gente que no puede estar sola porque no puede estar: necesitan agarraderos, sujetos, predicados y predicadores de madrugada.
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AL MENOS DI TU NOMBRE [03 Sep 2009|06:31pm]

 

Esto no es Madrid y usted no existe. La tapadera necesaria para que ninguno de esos nos aburran. Porque estar en contra de todos necesitaría de una posición y yo ni siquiera adopto esa postura. Me siento en el suelo y veo como todo pasa a mi alrededor. Tengo que encontrar mi modo. Mi forma de explotar, convertirme en un mártir y matarlos a todos silenciosamente. La bomba es mi corazón. Matarlos a todos con este artefacto oculto. Eliminarme a mi mismo en el transcurso del acto. Traspasar por fin mis fronteras y fundirme con el prójimo. Eso es lo que todos me piden que haga. Salir de aquí y encontrarme con el mundo exterior. No quiero encontrarme con aquello que quiero destruir. Soy una persona inofensivamente peligrosa. Incapaz de matar pero muy capaz de matar. Como todos. Una persona normal hasta el momento en que lo normal se revela como algo nuevo. Encontrar tu sino, tu fin, tu medio, tu éxito. Sentirte realizado con tus actos. Me veo empujado a ello. Reconciliarme con una violencia que crece por no poder hacerme partícipe de ella. La violencia solo alimenta a la violencia,  y si se queda dentro no hace más que reproducirse hasta el infinito. Una violencia infinita, capaz de negarlo todo. Una violencia que toma la forma de cualquier pensamiento, de cualquier deseo, de cualquier tristeza, porque no es realizable.

Como tu vida.


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CÓMO DEJAR DE FUMAR EN 9 SENCILLOS PASOS [31 Aug 2009|08:08pm]
1) Un día te fumas un cigarrillo y dices: éste es el último.
2) Compra mi libro.
3) Compra mi libro.
4) Compra mi libro.
5) Compra mi libro.
6) Compra mi libro.
7) Compra mi libro.
8) Compra mi libro.
9) Compra mi libro.
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[31 Aug 2009|08:02pm]

Nos devuelven el mundo, dicen. Nos devuelven la patria, el hogar, los dos dedos de sopa fría y maloliente. Nos devuelven usado lo que era nuestro, y nos lo tiran a la cara, mojado, caliente, viscoso.


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EL INTRUSO [18 Aug 2009|08:56pm]


Lo había visto en el canal Todo Noticias. Había sido una revelación, la respuesta que estaba esperando desde hacía años. Le hubiera dado un beso a la presentadora en aquel momento. De hecho, la pantalla de plasma de 45 pulgadas se volvió turgente y seductora. Entonces la imagen cambió y apareció el hombre del tiempo, y la avalancha de deseo y agradecimiento disminuyó varios grados de temperatura.

(Basta de frases ingeniosas)

La noticia: un japonés habría descubierto que una vieja vivía en su armario desde hacía meses. Había colocado cámaras web en todas las habitaciones tras descubrir de forma continuada la desaparición de comida en el frigorífico, así como la pérdida o cambio de ubicación de diversos objetos. Le pareció tan obvio que era su mismo caso que no dudó en correr a la tienda de informática más cercana a adquirir ocho minicámaras web. A medio camino se dio cuenta de que probablemente tardaría varios meses en averiguar cómo se instalaban dichas cámaras, así que cambió de rumbo y se dirigió a la tienda de espías que había cerca de su trabajo en busca de asesoramiento. Allí seguro que encontraban una solución a su extraño objetivo. Le comprenderían. Muy a su pesar, en la tienda de espionaje también le miraron de forma rara tras la exposición de los hechos. Al parecer el dependiente no estaba muy al tanto de lo que pasaba en el mundo, y no dudó en hacérselo saber. Japón, vieja, armario, la ecuación que debía resolver. No hizo más que acrecentar el gesto de incomprensión del dependiente. Asumió la pesada carga de ser un adelantado a su época, tragó saliva y procedió a la compra y encargo sin más explicaciones.

En una semana todo estaba instalado en casa. Las ocho cámaras inalámbricas cubrían todos los ángulos de su piso de 45 metros cuadrados. Desde su ordenador podía saber en cada momento qué estaba ocurriendo en el baño, su habitación, el salón, la cocina. Se sentía el capitán de una nave espacial, el rey de un castillo medieval, a cargo de un ejército de ochos pequeños soldados, fieles y obedientes.

(Dije BASTA de frases ingeniosas)

De acuerdo.

En las primeras semanas no notó nada. Las llaves seguían apareciendo en los sitios más inoportunos, seguía perdiendo dinero de la cartera y el cenicero y sobretodo el mando a distancia parecían estar dotados de vida propia, pero nada le demostraba que una persona conviviese con él en ninguno de los habitáculos de los que constaba la casa. Entonces procedió a centrarse en la ventana. Durante horas observó la caída de la luz en la pared septentrional del salón al atardecer, esperando un movimiento, una leve sombra que le hiciese pensar que alguien atravesaba aquel espacio. No vio nada. Empezó a pensar que todas las horas de vigilancia que dedicaba eran insuficientes, irremediablemente caía  dormido en algún momento del día presa del cansancio. Durante esas cuatro o cinco horas de sueño podía suceder cualquier cosa y todo su esfuerzo sería entonces en vano. Decidió establecer un horario estricto de sueño y dejar grabando a las cámaras durante ese espacio de tiempo. Lo primero que hacía al levantarse era visionar las grabaciones de las ocho cámaras en modo rápido, en busca del intruso. Transcurrió otra semana en la que no observó nada, hasta que encontró un fallo en su estrategia: durante esos minutos en los que revisaba las horas grabadas durante el sueño no estaba vigilando en tiempo real las cámaras. El intruso podía aprovechar entonces para caminar a sus anchas por la casa. Decidió que era indispensable entregarse a una vigilancia total. No podía dormir hasta encontrar el motivo de su desazón. Salió a la farmacia más cercana y compró todos los medicamentos inducentes al insomnio que pudo. Estuvo entonces sin dormir durante cuatro días de vigilancia extrema. Al tercer día empezó a ver sombras extrañas. Cuando volvía a pasar las imágenes no encontraba nada de lo que le parecía haber visto. Siguió con su estrategia y con su ingesta indiscriminada de medicamentos. Las vacaciones que había pedido en el trabajo para su misión habían acabado  y no había llamado siquiera a la oficina para explicar su ausencia. Al segundo día alguien llamó a la puerta de su casa pero no se decidió a abrirle. No podía faltar ni un solo segundo a la vigilancia. Le notificaron su despido mediante carta a los tres días, pero no pudo saberlo porque no salió al portal a recoger el correo que se amontonaba en su buzón. Pasaron dos días más. Las sombras seguían apareciendo, y las imágenes empezaban a fundirse con las paredes. Empezó a notar una presencia que se enroscaba a su nuca a cada instante. No se atrevía a girar la cabeza para encontrarla, sabía que en ese momento se escondería y todo su esfuerzo hubiera sido en balde. Confiaba en las cámaras. Confiaba más en las cámaras que en sus propios ojos. Pronto empezaron a sangrarle las retinas, y no pudo mantener los ojos abiertos durante mucho tiempo. La comida se acabó y no se atrevía siquiera a levantarse del asiento para buscar el teléfono y encargar más. El teléfono se había perdido hacía semanas. Imaginaba a la vieja en algún escondrijo de su casa, acariciando el teléfono, riéndose de su inutilidad manifiesta, durante meses, años, décadas... toda su vida.


2 transmissions| isolation

HABÍAS ESTADO MIRANDO A TRAVÉS DE CERRADURAS [15 Aug 2009|09:24pm]


Eso al principio te había parecido divertido. Las puertas se sucedían una tras otra, los fragmentos que veías a través de ellas eran cada vez distintos: oscuridad, luz, personas, gatos, habitaciones vacías. Había un grado de cotidianidad que lo hacía todo liviano, fresco, no te sentías un voyeur al hacerlo.

Pero el sueño no terminaba ahí.

Los diarios empezaban a abrirse. Mostraban su desnudez, su carne y sus cartílagos, sus venas, sus arterias, palpitaban y se unían, latían y se entrelazaban y ya todo era piel húmeda, rosada, pliegues abriéndose y cerrándose, desechando atajos, remendando heridas, descubriendo parajes, inaugurando templos, despojando bienes, alzando copas, dividiendo el cuerpo... El cuerpo de tus años.

Pero el sueño tampoco terminaba ahí.

Era una sensación adherente, gelatinosa, translúcida, de dedos pegajosos, de miel que no es miel entre tus miembros, en tu ropa, en tus ojos, en la corteza cerebral, las fechas, los nombres, los datos, los números se te agolpan en el estómago, un vómito de intimidad que te descompone, que te vuelca, te mancha, te reduce a un insecto, una garrapata, una larva. Y como tal larva te arrastras entre los rostros, las sonrisas, los besos, las lágrimas, las esperanzas, los vacíos, los árboles, las bufandas, las canciones, los cuentos, los recuerdos, las despedidas. Y no quieres saber nada más de todos esos cuerpos que se agolpan, se empujan, se muestran, se desnudan, se mezclan, se asesinan, se odian, se ignoran, se aman, se asustan, se entristecen y se arrastran como tú entre los cuerpos de las demás larvas. Porque estás en el nido de larvas. Te retuerces y no ves el agujero de la cerradura para poder escapar. Te arrastras y empujas y te deslizas e intentas gritar pero no tienes cuerdas vocales no tienes garganta no tienes boca no tienes cabeza no tienes manos no tienes piernas no tienes nombre no tienes nada más que el cuerpo amarillento, blando y pegajoso de una larva.

Y ahí termina el sueño.

Despiertas con un grito ahogado. Te desarropas, tiras la manta a un lado. Ves que ya es de día. Estás sudando. Miras tu cuerpo. Lo abrazas. Te vistes porque tienes brazos y piernas.

Sales de la habitación. Sales a la calle. Hay carruajes arrastrados por bueyes, mendigos, plebeyos que arrastran pesados fardos, un río de orina y heces que avanza como un transeúnte más por mitad de la calzada.

Toda esa gente. Toda esa gente.

Cierras la puerta y vuelves a tu habitación. Recuerdas todo lo soñado con claridad. Decides dejar de darle vueltas, tienes muchas cosas que hacer. Y mientras haces la cama y enciendes una vela algo te dice dentro de tu cabeza: acabo de soñar con el futuro.


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TODO ES COMO TÚ DIJISTE [07 Aug 2009|02:12pm]


No sé si he estado aquí antes. La sensación es familiar, el vello se eriza, la piel se repliega contra mis huesos y siento las venas demasiado largas.

No se va.

Supongo que he estado aquí antes porque dicen que esto es mi casa.

Recojo algunos libros, un par de cds que creía perdidos. Miro la ropa que dejé y la guardo en una bolsa de basura para tirarla. Acaricio las paredes, miro desde la ventana un paisaje anónimo. Me tumbo en el suelo y miro el techo.

El resultado es el mismo.

Nunca he estado aquí.

Voy al mercado como si fuera una experiencia extrasensorial. Algo que me salve de la textura plana de las paredes de mi casa. En mi caso se trata de una exploración sensitiva, un viaje a la luna en toda regla. No me preparo mental ni físicamente, tan sólo salgo a la calle y encamino mis pasos hacia esa nave extraña habitada por colores y olores exóticos.

Una vez dentro intento captar la esencia de los tomates, su mundo interno, también el roce de su piel.

Los colores perfectos.

Las cebollas me resultan familiares, con sus capas, su aspecto árido y ocre, las lágrimas que encierran para todos los ojos. Los ojos de los pescados me devuelven a una infancia de niña intrépida, diviso nostalgia de oscuridad marina en sus movimientos agónicos, las espinas que nos esperan como venganza.

Las señoras y señores que me atienden desde detrás de todos esos tubérculos me hablan en un idioma extraño, incomprensible en un primer momento para mi mente adormecida y desértica. Las formas me apasionan, no soy capaz de decidir entre una calabaza y una berenjena.

En la carnicería observo las vísceras y la casquería con la curiosidad de una niña autista. La sangre coagulada me hipnotiza. Me sorprende la capacidad de la gente para discernir entre una lengua  y una oreja. Son pedazos de carne, una exhibición de atrocidad doméstica. Me pregunto cómo los clientes no abren la boca para gritar. En cambio, los comentarios preferidos se reúnen en torno al clima y a los precios. No sé el clima, no sé los precios. Me preguntan quién es el  último y señalo a un conejo despellejado que cuelga de un gancho. La señora me mira y se ríe.

De algún modo, me salva.


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POST-POST-PUNK [03 Aug 2009|02:44pm]


Es que no. Es que no. Es que no puede ser.

Lo siento. Lo siento. Lo siento. Ya te he dicho lo siento dieciocho veces. ¿Cuántas veces hay que repetir “lo siento” para que signifique algo?

Es que no es cuestión de decir lo siento cada vez que hagas algo mal. Es cuestión de no hacerlo cuando sabes que está mal. No es la primera vez que me cuelgas el teléfono.

Callo. Sólo puedo decir lo siento una vez más y ya la conversación me aburre. Estoy atascado, no sé qué decir, odio cuando las conversaciones llegan a un punto muerto. Además todo esto empieza a parecerse a una de esas historias de Raymond Carver y no quiero eso. El diálogo debería de fluir, interminable, ser algo divertido, soltar algo profundo de vez en cuando como quien no quiere la cosa. Estoy a punto de decírselo a Susana, pero no puedo. Sé que se lo tomaría como un juego, y para mi es algo más que un juego. Estamos hablando de ella, de mí, de nosotros. Me cuesta abstraerlo todo.

Miro alrededor. Estamos en una tetería semivacía, en penumbra, tirados en un sofá raido y con manchas por todas partes. Suena jazz. Bebemos té pakistaní. Susana se quita los zapatos y se acomoda en el sofá en una postura que se me hace insoportablemente sexy.

Oh, por favor, Susana, no hagas eso.

¿Qué no haga el qué?

Ponerte así. Esa postura. Llevas falda. Los pies descalzos. ¿No puedes evitar ser tan irremediablemente sexy?

Susana no se ríe. Nunca se ríe cuando se supone que tiene que hacerlo.

No te entiendo. ¿Qué estoy haciendo?

Esa postura. Erguida, prácticamente estás de rodillas. Pareces Betty Page.

Se ríe. Eso me hace diez años más joven.

¿De verdad que parezco Betty Page?

Bueno, no por la vestimenta, sino por la postura.

Yo la estética sado hace tiempo que la dejé atrás.

Qué dices. Tú nunca has tenido nada de sado.

Porque no me conociste hace diez años. Era medio gótica.

Siempre me sorprendes. ¿Hay fotos?

Sí, pero no te las voy a enseñar.

Bien, esto está mejor.

Ha cesado la música jazz y ahora suena uno de estos grupos nuevos que no hacen más que post-punk de toda la vida. Supongo que a lo que hacen se le podría llamar post-post-punk. A Susana parece que le gusta porque canturrea parte de la letra. Le pregunto el nombre del grupo. Me lo dice. Se me olvida antes incluso de que me lo diga.

¿Escribes algo nuevo?

¿Se puede escribir algo viejo?

Tú me entiendes.

Bueno, sí. Creo que voy a escribir más historias de Londres. A la gente le mola Londres, ya sabes, es mejor escribir Chloe o Ian que Andrés o Susana.

¿Qué tiene de malo Susana?

¿Qué tiene de malo Andrés?

No tiene nada de malo. Supongo que es más común.

Yo conocí a una chica que se llamaba Chloe.

¿Sí? No me interesa.

¿No te interesa?

No.

Pues entonces cambiaré de nombre.

Pero... ¿conociste de verdad a Chloe?

Sí, pero ahora se llama Phoebe.

Tampoco me gusta, Phoebe.

Pues entonces se llamará como a ti te dé la gana.

Nadja. Me gusta Nadja.

Ni siquiera es un nombre inglés.

¿Y qué más da? Es bonito.

Bueno, pues escribiré algo sobre Nadja, que en realidad es Chloe.

¿Escribirás algún día algo sobre mí?

¿Sobre Susana?

Sí.

Nunca.

Te lo agradezco.

El sitio empieza a llenarse de gente. No sé dónde vamos a ir a cenar.


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SUBTíTULOS [03 Aug 2009|02:41pm]

 

Cojo un cigarro del paquete (FUMAR PUEDE MATAR) mientras le digo a Susana (ES QUE NO PUEDE SER) que coja la Línea 5 (ESTA ESTACION TERMINA EN CURVA) hasta Vista Alegre (CARABANCHEL INDEPENDENCIA) y luego camine hasta el 24 Horas (NO SE HACEN FOTOCOPIAS)


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ALLE GEGEN ALLE [30 Jul 2009|06:36pm]


Mientras hojea la revista mira de soslayo por la ventanilla el trozo de cielo que la compañía le ofrecía. Era un trozo de cielo servicial, con unas nubes cómodas, limpias, que eran cortadas por el ala del avión como si fueran la mantequilla que untaba su compañera de asiento en su bollito. Intenta no pensar en la temperatura que hacía en el exterior, la voz del piloto era la de su padre y para su padre nunca hacía buen tiempo. Se toca el nuevo lunar de su cuello e intenta concentrarse en la música que suena por sus auriculares, paisajes lechosos, nieblas instrumentales que debían de completar el efecto del medio Valium que había tomado hacía justo media hora. El rumor de la turbina derecha le habla, y es un idioma que, a su pesar, entiende. Su compañera de asiento también le habla, pero ella no hace más que sonreír, como si fuera una azafata más, recorriendo el pasillo y alternando su cabeza a derecha, izquierda, atendiendo, asintiendo, sirviendo zumos nada naturales en vasitos de plástico.

Susana  sonríe con la precisión de una catástrofe aérea.


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LA BOHÊME [28 Jul 2009|06:40pm]



       La vida de los artistas, con sus fotos en blanco y negro, sus cigarrillos, sus cafés, sus viajes, sus amores, desamores, intentos de suicidio, traiciones, pobrezas y momentos de jubiloso triunfo.

Justo lo que ves en cualquier telenovela.


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NO HAY MÚSICA [28 Jul 2009|06:36pm]

Tengo un sueño. En mi sueño hay un viejo sentado delante de un piano negro de cola. A su izquierda una vieja pasa las hojas de una partitura colocado en su atril. El viejo toca la partitura. En la partitura se leen solfas, silencios, notas imposibles, espacios equivocados. La imagen se balancea, se ondula, alrededor no hay nada más. Suena una música extraña. Yo me acerco a la nuca del viejo. La vieja sigue pasando páginas, el viejo sigue tocándolas hasta que el cuadernillo llega a la última hoja. La vieja pasa la página y detrás hay una taza de té. El viejo toca la taza de té. Detrás hay un cenicero. El viejo toca el cenicero. Detrás hay una flor esquirlada. El viejo toca la flor esquirlada. Detrás estoy yo. 

La música deja de sonar.

 

 


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ESCRITO EN CREA_TU_MENTIRA [27 Jul 2009|12:11am]

 

Al director Robert Iannakis se le ocurrió la siguiente idea: rodar una película enteramente con actores porno. En el film no habría ni una sola escena de sexo. Es más, sería una película intimista, centrada en la soledad, la depresión y la incomunicación. Todos los actores y actrices a los que les propuso la idea aceptaron en el acto; todos estaban deseosos de demostrar sus virtudes como auténticos intérpretes y escapar de la tediosa rutina del cine porno.

Robert Iannakis era un director norteamericano que empezaba a despuntar en la escena independiente con dos películas en su haber: Caligrafía e Indemne, ambas rodadas con un bajo presupuesto y premiadas en varios festivales con excelentes críticas. No tuvo problemas a la hora de conseguir productores y subvenciones. Todos esperaban lo mejor de él.

El protagonista de la película sería Rambo Tamolta, un actor italo-americano que en apenas dos años, y con cerca ya de cien películas en su haber, empezaba a hacerse un nombre en la escena porno. En sus películas siempre mostraba una especial sensibilidad en las raras ocasiones en las que tenía que interpretar algo parecido a un papel: un fontanero que acudía a un domicilio a reparar una avería, un veraneante de ligue en una discoteca, un dependiente de tienda de moda que se encierra en los probadores con sus clientas. En todos esos papeles Rambo Tamolta demostraba una elegancia y una profundidad que era contrarrestada de inmediato con sus escenas de sexo, salvajes y mecánicas a la vez.

En el primer día de rodaje Robert eligió comenzar con una escena melodramática y triste: Rambo, en el papel de Alejandro, hijo pródigo, tenía que visitar a su madre enferma de alzheimer en una residencia. Su madre, en un principio, no le reconocería, y procedería a ignorarle de forma sistemática. Después de varios intentos por parte de Rambo de entablar una conversación su madre entraría en fase de cólera y le gritaría que se fuera de la habitación. Al girarse Alejandro-Rambo hacia la puerta la madre recordaría por un momento que aquella persona era su hijo, y correría a abrazarle por la espalda. Después ambos se sentarían en la cama y hablarían durante largo rato, intentando Rambo con tierna desesperación que el momento de lucidez de su madre no desapareciese súbitamente. Todo estaba yendo tal y como habían planeado, el rostro de Rambo reflejaba convenientemente el dolor y la confusión que le producían la visión de una persona tan querida en tal deplorable estado para después iluminarse tras el momento de reconocimiento y lucidez. Fue precisamente en esa conversación en la cama cuando algo empezó a ir mal. Su madre le hablaba del caballo que montaba cuando era joven, en un idílico paraje provenzal en el que había pasado su infancia y adolescencia, un coqueto pueblecito en la Provenza italiana. Bien, Rambo se levantó de la cama y se sacó la polla. Empezó a masturbarse delante del rostro alucinado de su madre. Robert indicó al cámara, que se había girado inmediatamente hacia él, que no parase de rodar. Su madre, una veterana actriz con muchas tablas en teatro, siguió hablando mientras Rambo seguía atentamente su narración, de pie, con su verga de 23 centímetros en plena acción. El caballo era muy bonito, seguía contando su madre, correteaba por los prados y ella era feliz porque no tenía miedo de caerse, sentía que nada malo podía pasarle encima de su precioso caballo. La escena terminó cuando Rambo eyaculó encima de las flores que le había traído a su madre, mientras esta miraba melancólicamente hacia la ventana, sus ojos cuajados en lágrimas fundiéndose con el perfil de su musculoso hijo postrado contra la mesita de noche.

Solo entonces Robert Iannakis gritó “corten”. Los escasos miembros del equipo de rodaje se miraron entre sí, sin saber qué hacer ni qué decir, mientras la chica encargada de continuidad se acercaba a un cariacotencido Rambo y gritaba a Robert: “¿y ahora qué?”.

Su madre se largó a los camerinos sin mediar palabra. Robert meditaba también en silencio apostado en su silla de director, mientras Rambo se subía los pantalones y se acercaba hacia él, su rostro la viva imagen del arrepentimiento.

 - Lo siento, fue lo único que dijo cuando llegó a su lado.

- No pasa nada, tan sólo has hecho lo que mejor sabes hacer.

- No sé cómo ha podido pasar, quizás sea la costumbre, o quizás la actuación de ella ha sido tan buena que me he excitado.

- Puede ser, en cualquier caso no te preocupes, hemos seguido grabando

- ¿Cómo? ¿No has dejado de rodar? -Robert dice que no con la cabeza.- Supongo que la eliminarás de inmediato

-         Por supuesto que no. Es la mejor escena que he rodado en toda mi vida, ¿por qué habría de hacerlo?

Los demás miembros del equipo lo miraban perplejos, para después pasar a mirarse entre sí, intentando dilucidar si se había vuelto loco o si, en cambio, todo aquello no era más que una broma. ¿Les estaba gastando una novatada? ¿Iba a utilizar de verdad para la película aquella escena?

-         Quiero que borres la escena, dijo entonces Rambo en un tono francamente amenazante.

-         No la voy a borrar, dijo Robert con una sonrisa.

A Rambo le impresionó aquella respuesta serena y sonriente más que una patada en los cojones.

De hecho, se zarandeó, algo KO, durante unos segundos, en los que pareció meditar otra vía.

-         Bueno, no es tan sólo por mí- musitó dubitativo-; es por ella. Estoy seguro de que no va a permitir que la escena se utilice en la película.

-         ¿Ella? No te preocupes por ella: tiene alzheimer. Dentro de cinco minutos no recordará absolutamente nada de esto.


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ESCRITO EN C/LIBERTAD [24 Jul 2009|01:27pm]

 

Nos abandonan nuestros miedos. Qué harán ahora, dónde pasarán la noche, qué bares frecuentarán. Nos llamarán de vuelta cuando lleguen, nos mandarán una postal, lo harán con otros y serán nuestros nombres lo que griten cuando llegue el más atroz orgasmo.


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LO QUE YO DIJE EN LA TELEVISIÓN [23 Jul 2009|01:26pm]


Me paran en la calle, se interponen entre mis pies y mi portal, la cámara apunta a mi cabeza y no dispara, eso es porque está disparando todo el tiempo, es una bala en continuo flujo.

-         Perdone, solo una pregunta – me amenaza un joven con su micrófono color pistacho.

-         No puedo. Tengo que ir al médico.

-         Va a ser muy rápido. No le va a doler.

-         Me muero en dos minutos.

-         Es una pregunta sobre su ciudad.

-         Esta no es mi ciudad.

-         Da igual, es sobre la ciudad en la que vive.

-         Yo no vivo en esta ciudad.

-         En cualquier caso, es una pregunta sobre esta ciudad que usted visita.

-         Tampoco la visito.

-         ¿Qué hace entonces usted en Madrid?

-         Esto no es Madrid y usted no existe.


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LO QUE EL PINTOR DIJO EN LA TELEVISIÓN [21 Jul 2009|07:53pm]



     Estamos siendo rechazados sistemáticamente por la realidad. Continuamente sucede que el reflejo que antecede al espejo es representado como tal (como re-flejo, ad purvis), y no como la primera visión. Ahí está el error. Toda mi obra está basada en ese equívoco, en la ilusión óptica que se desprende de los actos más vitales.

Keisenberg refirió en uno de sus más importantes ensayos la suma importancia del yo reflectante, la persona tangente que corta y que contiene al sujeto, per se: No hay otro yo que el que no encuentro todas las mañanas ante el espejo. Cuando me acuesto tan sólo empiezo a dilucidar de qué está hecha esta materia de la que se compone el hombre: empiezo a perder la consciencia colectiva, el hueso de fémur agarrado en la mano. Estamos conectados mediante grietas, los errores, la luz que se escapa de una superficie simétrica y perfecta. Estamos hechos de algo que nunca debió de existir.

En mi obra es de vital importancia el esfuerzo cero, la primera impronta, la casualidad ordenada, buscando el fallo, el defecto que me conduzca hacia el conocimiento que no conoce su sino. Tan sólo al desenfocar la mirada sobre el objeto logramos focalizar su aura, su conectividad con el resto del universo.


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TRAVELLING [17 Jul 2009|09:45pm]

 

El reflejo del neón en las vidrieras de los rascacielos, una imagen hipnótica, urbana, electrizante, ideal para comenzar una película sobre cyborgs que asesinan a humanos, o viceversa.

Un travelling del cielo, oscuro, negro, quizás pase un helicóptero en ese momento, un haz de luz, foco, persiguen a alguien, siempre tiene que haber una persecución, perseguimos a la persecución, llegamos a un callejón sin salida, el perseguido intenta subir un muro, el coche de policía se detiene, quizás haya perros, quizás un disparo, el perseguido se desliza por el muro, quizás con sangre, quizás con perros mordiendo y colgando de sus pantorrillas.

Mensaje que acude a nuestras neuronas: no hay salida.

Proyectar la mirada hacia los grandes anuncios que coronan los altos edificios que nos circundan. Fundido en negro, o enfocar el cielo de nuevo. Otra imagen hipnótica. Ahora debería de haber luz arañando los cristales, mañana, un primer plano de una chica bonita, buenos coches, quizás una playa, un helado, eso es, una pareja compra un helado en un kiosko, sus lenguas rosadas lo acarician, hay palmeras, hay surfistas, hay descapotables, hay grandes anuncios colgados de los altos edificios que nos circundan.

Miramos el reloj. Una sirena. Todo el mundo corre. Los surfistas olvidan sus tablas. Los patinadores olvidan sus patines. Las madres olvidan a sus hijos. Los policías olvidan su prepotencia. Todo el mundo olvida algo y todo eso está en la calle, en el asfalto, en la arena de la playa, encima de la barra del bar. Todo el mundo está en los refugios, asustados, escuchando las sirenas, pensando en el mundo que dejan atrás, en sus objetos olvidados, rezando para que todo siga tal cual cuando salgan.

Un par de niños olvidados vagan por la playa y juegan con los patines, con las tablas de surf, con la prepotencia, con el helado medio derretido bajo el sol que alguien ha dejado encima del capó de un Chevrolet  Camaro.

El cielo se nubla. El apocalipsis se acerca con su disfraz de noche de San Juan, fuegos artificiales y hogueras que se despiertan en cualquier rincón de la ciudad. Los políticos de la oposición estaban en lo cierto pero ya nadie se acuerda de los políticos de la oposición. Los técnicos reguladores del generador de hidrotermia hipobascular también estaban en lo cierto, pero nadie siquiera sabe qué son ni lo que significan ni quién les pagaba. El cielo se nubla y los pájaros caen del cielo como meteoritos, pintando las calles de la ciudad de un rojo turbio y un blanco desmayado, repartiéndose por el enorme lienzo gris de la mano temblorosa de un viejo loco surrealista. No tardan en caer también los aviones. No tardan en hacerlo los satélites. Todo se viene abajo. Nada se resiste.

Incluso se doblan en dos los grandes anuncios que coronan los altos edificios que nos circundan. Nos hacen una reverencia antes de caer al suelo.


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LA CIUDAD SITIADA [16 Jul 2009|06:47pm]

Escoge su particular mantra de motivos, una serie de figuras geométricas que se superponen sin fin. Enredados sería una palabra demasiado lírica. Esa es la verdadera arquitectura, la geometría cotidiana de unos ojos que van a trabajar y se detienen a descansar en cualquier cartel, cualquier luz. Poesía industrial para corazones deshauciados. Almas sería una palabra demasiado lírica. Negocios desalmados, negocios del alma: alguien lee tu futuro, tiene soluciones para tu tripa, tus padres, tu mal de amores, dice el papelito que han dejado en tu limpiaparabrisas, cuya verdadera y oculta función siempre ha sido el de portanotas. No revelar la fuente de esta información .Llamo a la grúa, luz verde, salida, cerrado por vacaciones, te kiero soralla. El lenguaje secreto de los semáforos, las cebras debajo de tus pies, los bordillos rotos, ni en doble fila logras aparcar. Es como si yo no buscara la música triste sino que fuera ella la que me busca a mí porque sabe que la comprendo. Pentagrama emocional sería demasiado psicológico. Una nota a pie de página o a pie de cada imagen, la vida con millones de subtítulos pasados a la velocidad de la luz. ¿Logras verlo? Confiaremos en el subconsciente más que nunca, nuestro consciente está tan saturado que necesitamos algo más de espacio en nuestro disco duro.

Es por eso por lo que  aprendes a vivir con el miedo. La conviertes en tu mascota particular, le haces un hueco debajo de la cama. Te recibe contento cuando llegas de trabajar, a veces necesita que lo saques a dar una vuelta y entonces se caga en los sitios más inadecuados y no existen bolsitas para guardar sus desechos.

Luego está la angustia, su hermana pequeña. Viene de visita cuando menos te lo esperas. A veces la necesitas para hacer ciertas cosas. Tiene querencia por mi cuello y mis intestinos. Viene, se acurruca en mi regazo y empieza a rascar, a rascar, a desprender la carne hasta que arde. La acaricias por el cogote porque sabes que es donde más le gusta. A veces hasta me muerde en los huevos.


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